Presentación: El Arte y yo

¿Qué es el Arte? ¿Qué es el Arte hoy? ¿Qué fue ayer? ¿Qué será mañana? ¿Dónde están escritos los criterios o condiciones que debe cumplir un objeto, un sonido o una acción para ser considerado Arte? La RAE tiene multitud de definiciones solo para esta palabra y, ni los historiadores del arte, ni los artistas, y me atrevería a decir que nadie, nunca jamás llegará a ningún consenso. Porque el Arte puede serlo todo o puede no ser nada. Todo depende de ti. De tu visión o de la visión del artista. No existe una distinción objetiva. No hay un límite que no pueda cruzar. O eso dicen. Y justo de esta manera habita el Arte en mi vida.

No sabría definir qué es el impulso creativo. He leído mucho sobre él pero no consigo identificarlo. La primera vez que recuerdo mirarme las manos había un lápiz en ellas. Aprendí a dibujar antes que a hablar con soltura. Aprendí a expresarme y a comunicarme con él. Siento impulsos de decir cosas en un determinado momento, pero no tengo impulsos por crear. Quizás por eso no sabría decir si cuando creo hacer Arte realmente lo estoy haciendo. Y tampoco estoy seguro de cuando he acabado. O si alguna vez lo hace. Otra cosa que debes saber sobre mí es que la curiosidad es mi talón de Aquiles. Cuando viene a picarme rompe mi concentración a cada momento. Me ha llevado toda mi vida a ciegas caminando detrás siguiendo miguitas de pan que atrapaban toda mi atención. 

Me llamo David y tengo un título que dice que soy periodista. Escribo y pinto. Pero también canto, toco el piano y soy aprendiz de danza clásica; por lo que si buscas la excelencia probablemente no la encuentres aquí. Hay personas que entregan su vida entera a tan solo una de las cosas que acabo de mencionar y continúan aprendiendo hasta que esta acaba. Así que podría decepcionarte, y casi seguro lo haré. Pero podrás ver una historia detrás de todo lo que hago.

Casi todo lo que ves tiene dos caras, como la tiene el Arte. Una muestra toda su belleza, y la otra muestra sacrificio. Cada disciplina artística exige trabajo, no es un secreto, y ninguna descansa; todas reclaman una parte de ti. Y a menudo son increíblemente celosas entre ellas.

Pintar me roba la voz. Componer me llena la mente. Y bailar me quita la energía. Además, todas quieren tiempo. Se alimentan de él. Así crecen. Así se hacen fuertes e independientes.

A los ocho años canté por primera vez en un escenario. A los diez participé por primera vez en una exposición de Arte. A los doce compuse los primeros acordes a los que les puse letra, y a los dieciséis tuve mi primer contrato discográfico. Aunque estoy orgulloso de todo aquello, precisamente te cuento esto para que puedas entender que si te digo que quizás hubiese preferido hacer una sola cosa me puedas comprender. Di un buen acelerón, pero no por ello se llega más lejos. Siempre he hecho cosas, he hecho mucho desde entonces. He trabajado, he estudiado varias veces, me gusta mucho aprender cosas nuevas que no tienen nada que ver conmigo, y también me he divertido mucho. Pero el Arte es casi la única cosa que considero parte de mí. Conforme crecía, cada disciplina tiraba de mí con más fuerza hacia un lado. Creo que nunca llegué a estar tanto tiempo dentro de ninguna para poder cerrarle la puerta a las demás. A menudo cruzaba y entraba en las otras, pero nunca me he posicionado. No puedo hacerlo. Y, en el centro, todas tiran de ti. Continúan tirando. Y ya se sabe lo que ocurre cuando esto sucede. Por muy fuertes que sean las fuerzas con las que tiran, si ninguna cede, la suma de ellas pueden dejarte en el medio. Justo donde siempre he estado. En el mismo sitio. Como hacen los hilos de acero que sostienen el Golden Gate. Pero está bien, porque es justo esto lo que define el resultado de todo lo que hago. Quizás por eso escriba. Quizás por eso cante. O quizás por eso pinte.

No sé que es el Arte. Solo sé lo que es para mí. Pero, sea como sea, no puedo estar más agradecido de que la inspiración que lo trae a mí siempre me acompañe y nunca me deje solo.

Espero de verdad que os guste mi obra.

David.